5 de julio de 2012

desvaríos


En el mismo instante en el que empieza a leer este texto hágase la idea que esto no va a ningún lado, que esta es una carta sin destino y escrita por un remitente cobarde que se hace llamar R... piense que los minutos (horas, días, meses y n unidades de tiempo) que gaste para leer esto son un lapso errático en la memoria, así que no intente recordar, yo se lo digo porque yo ya me olvidé de lo que leí o escribí más adelante, así ni usted me reclama ni yo me hago el loco.

Vaya usted a saber que cosas se miran por ahí, mal habido o mal logrado; en una época donde no hay refugio de la lluvia ni para el calor, y no me quejo pues la lluvia me hace feliz (aunque no tenga idea de que es eso) cuando te deja andar sin pena, claro que cuando pega el frío uno busca refugio, ya sea un techo o unos brazos que bien hacen lo suyo... pero decía yo que andando se ven muchas cosas, ves al perro que rompe las bolsas de basura para comer mientras la señora que vive varias casas abajo se molesta en recoger el tiradero, y yo simplemente camino esquivando como un juego de la infancia pasando solo por los cuadros blancos en el piso, me animo a dar unos pasos de baile y tararear una canción, el camino sigue homogéneo y pálido, ya usted pensará que si camino es porque voy para algún lado, y ¿quien lo dice? Pues uno llega, al mismo lugar pero siempre distinto, se detiene y observa, quizás no se entiende la escena pero se disfruta del acto, la comedia de los mil rostros, y sigue caminando con una sonrisa, como embriagado por antojo.
Ya le habré comentado que bebo y seguramente sabe muy bien como me gusta mi trago. Estoy intentando dejarla, la bebida, creo; como muchas cosas que hacen daño en la vida, también son las que le dan su sabor, así como las fiestas; horas grises decoradas con colores de la época, olor a plástico y sabor a ponche o trago, -se te olvidó sonreír para la fotografía y así tener un precioso recuerdo...-  Bah!

¿Qué sigue después?  Yo sigo caminando con el rostro en mil figuras, ha de ser gracioso verme, sigo pensando en lo que me dijo, mañana se lo reprocho cuando termine de llegar, ya me voy perdiendo, luego me olvido de qué estoy pensando, creo que lo mejor será empezar a anotar en este instante, no sea que mi historia pierda sentido...

 un pueblito loco que me obsequió cordura