Se pinta el alba y las pequeñas cajas comienzan a soltar sus diminutas cápsulas de tiempo, cápsulas de ambiente controlado y confort presupuestado, estás van desfilando cadenciosamente en rutas indefinidas hasta el horizonte.
Cada cápsula contiene por lo menos un apresurado, presurizado, de cuando en cuando mal humorado, y no falta ver la cápsula expansible que ya revienta de absorber tanto indignado. Note usted que rima. También se luce por allí una que otra capsulita cantante talvez no se vea elegante pero después de todo nadie se aproxima. Esa ya fue por molestar.
Y así avanzan todas las cápsulas en esa danza sin compás, armonizada entre veces por directores desafinados, bien trajeados y unas luces autoritarias que garantizan a esta obra que en unas horas se habrá de olvidar.
Estamos también los desencapsulados, poco indignados, para los que el tiempo va más lento y la distancia parece indiferente, hasta donde nos dejen llegar.
11 de noviembre de 2012
2 de noviembre de 2012
Cotidianidad I (El asalto)
El metal frío se siente sobre la piel; aprietas fuerte la mandíbula,
el tiempo se detiene. A escasos centímetros la cápsula de muerte reposa,
tranquila con su elegante simetría. Aquí todo comienza, Las palabras de mando resuenan en tu cabeza, respondes trémulo e inquieto, hay alguno que otro grito y otro susurro. Movimientos suaves y asertivos son la "clave",
nada parece ser real, lo imaginas absurdo; la discusión termina,
pero el silencio no resulta confortante, los sentidos quedan alerta.
Todo termina, respiras profundo, no es tu cadáver el que yace en el lugar,
percibes la ligereza de todo lo ausente, ves rostros extraños e indiferentes
que se detienen, quizás a reflexionar o talvez por placer. Te ves solo, diminuto. Súbitamente viene la ira, la rabia, la sed de una venganza, "justicia", paranoia; nada pasará, vuelves a inhalar vehemente, sueltas la mandíbula; eso es todo, sigues tu camino, la gente sigue su camino, mi país sigue su camino.
el tiempo se detiene. A escasos centímetros la cápsula de muerte reposa,
tranquila con su elegante simetría. Aquí todo comienza, Las palabras de mando resuenan en tu cabeza, respondes trémulo e inquieto, hay alguno que otro grito y otro susurro. Movimientos suaves y asertivos son la "clave",
nada parece ser real, lo imaginas absurdo; la discusión termina,
pero el silencio no resulta confortante, los sentidos quedan alerta.
Todo termina, respiras profundo, no es tu cadáver el que yace en el lugar,
percibes la ligereza de todo lo ausente, ves rostros extraños e indiferentes
que se detienen, quizás a reflexionar o talvez por placer. Te ves solo, diminuto. Súbitamente viene la ira, la rabia, la sed de una venganza, "justicia", paranoia; nada pasará, vuelves a inhalar vehemente, sueltas la mandíbula; eso es todo, sigues tu camino, la gente sigue su camino, mi país sigue su camino.
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