Se pinta el alba y las pequeñas cajas comienzan a soltar sus diminutas cápsulas de tiempo, cápsulas de ambiente controlado y confort presupuestado, estás van desfilando cadenciosamente en rutas indefinidas hasta el horizonte.
Cada cápsula contiene por lo menos un apresurado, presurizado, de cuando en cuando mal humorado, y no falta ver la cápsula expansible que ya revienta de absorber tanto indignado. Note usted que rima. También se luce por allí una que otra capsulita cantante talvez no se vea elegante pero después de todo nadie se aproxima. Esa ya fue por molestar.
Y así avanzan todas las cápsulas en esa danza sin compás, armonizada entre veces por directores desafinados, bien trajeados y unas luces autoritarias que garantizan a esta obra que en unas horas se habrá de olvidar.
Estamos también los desencapsulados, poco indignados, para los que el tiempo va más lento y la distancia parece indiferente, hasta donde nos dejen llegar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario