El metal frío se siente sobre la piel; aprietas fuerte la mandíbula,
el tiempo se detiene. A escasos centímetros la cápsula de muerte reposa,
tranquila con su elegante simetría. Aquí todo comienza, Las palabras de mando resuenan en tu cabeza, respondes trémulo e inquieto, hay alguno que otro grito y otro susurro. Movimientos suaves y asertivos son la "clave",
nada parece ser real, lo imaginas absurdo; la discusión termina,
pero el silencio no resulta confortante, los sentidos quedan alerta.
Todo termina, respiras profundo, no es tu cadáver el que yace en el lugar,
percibes la ligereza de todo lo ausente, ves rostros extraños e indiferentes
que se detienen, quizás a reflexionar o talvez por placer. Te ves solo, diminuto. Súbitamente viene la ira, la rabia, la sed de una venganza, "justicia", paranoia; nada pasará, vuelves a inhalar vehemente, sueltas la mandíbula; eso es todo, sigues tu camino, la gente sigue su camino, mi país sigue su camino.
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