10 de agosto de 2014

3er día


no, no resucité...

Arte y juventud 

Desde temprano tomé la decisión de no permanecer en mi casa, "mente ociosa, taller del diablo" leí hace poco, y aún me persiguen mis demonios, bueno, siempre están allí pero hoy no estábamos en paz y no quería arriesgarme a pensar estupideces o entrar en añoranzas y melancolía en mi habitación. 
Salí temprano con mi mochila cargada con una cámara, un litro de agua y Farhrenheit 451 de Ray Bradbury; y de respaldo un buen playlist en mi teléfono para acompañar mi viaje y no escuchar la música de los buses, sus anuncios y las conversaciones de los demás. 
Me dirija hacia un concierto dedicado a los derechos de la juventud, y pensé que juventud aún tengo (ironía). Durante el viaje que dura una hora aproximadamente hacia la plaza central, Montag y Clarisse McClellan me interrogaban con sus diálogos, sobre la justicia, la verdad y la felicidad. Clarisse es un encanto.

Al llegar a la estación de destino, guardé la novela y salí del bus/metro/transmetro hacia una avenida, una de las avenidas con más tránsito peatonal en el país, la escena era de una horda, una masa que aunque sus elementos deambulaban, se percibía inerte. El trayecto hacía la plaza es de 1km o un poco más, un kilómetro lleno de bailes, estatuas humanas de papel aluminio, otros pintados, otros pintando, por allá se escuchaban una guitarras y cantos tristes; La gente, absorta en los shows callejeros, y la masa inerte. 

Pasé por algunos bares y cafés que visitábamos y vino a mi mente la fiesta donde la encontré y donde nuestra historia empezó, una fiesta de "Halloween", una noche muy alegre, llena de baile y sonrisas, miradas y algún rose...
Pasó por mi mente algunas de nuestras primeras discusiones, como en ocasiones llegaba hasta odiar su conducta, a veces por celos, otras por ingenuo, pero siempre lo sobrepasamos, y llegaba a darme gratas sorpresas cuando todo mejoraba. 

La avenida terminó, y llegué a la plaza, que por alguna razón la percibí mucho mas grande, como en los recuerdos de infancia, donde parece que los parques, las plazas y los edificios no tienen bordes o final. La plaza era una locura de música, ventas callejeras, gente charlando en las bancas, y algunos ensayaban sus pasos de baile.  El ambiente era indiferente, allí estuve solo por horas, de escenario en escenario sin encontrar algún amigo o conocido, pero me sentí bien, la música a todo volumen y las letras a todo pulmón me dejaban estar sin tener que pensar en nada más. 
Mucho Rap, skate, brakedance, beatboxing, graffiti... en síntesis, Hip-hop. Ver a los skaters en particular me hizo sentir melancolía por recordar estar sobre ese pedazo de tabla con ruedas, era la sensación mas hermosa que existía. 

De regreso a casa, seguía mi lectura, pero me sentía inspirado, regresaron a mi las ideas para volver a rayar el papel y garabatear con mis lápices. Se que esto es una buena señal...

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